De Genios y Magos, Debilidades, Para Volar, Tres para Crear

EN EL LUGAR CORRECTO

David estira el brazo y encuentra la palma de Juan y de Zacarías. En el mismo movimiento, se desliza por el asiento hacia la puerta que da a la vereda, y que de paso es la única que abre por que hace poco se lo chocaron. Cuando David abre la puerta recuerda la indignación de Zacarías al recordar ese choque una noche que lo dejó afuera, y en ese movimiento David entiende la sensación del capitán del equipo.

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Se baja del auto, sigue con los botines puestos, aunque las medias ya están a la altura de las canillas. Abre el baúl, saca su campera y su mochila, pero antes de cerrar pregunta si es necesario que él se lleve una de las pelotas. Zaca contesta que no, que no hay problema. Entonces cierra suave, y le da dos golpecitos al baúl, al mismo tiempo que suena la bocina despidiéndolo.

David enfila las seis cuadras que le restan para llegar a su hogar. En el camino manda un mensaje que dice: “metí un gol espectacular. Un abrazo, papá”, y también llama a un amigo para consultarle cómo está y aprovechar para compartir los detalles de una tarde futbolera. Pero más allá de la utilización de su celular, David piensa, mientras escribe y recrea la jugada, que no existe otro ámbito de su vida, no hay espacio ni actividad, no hay momentos ni descargas en donde él no se sienta más a gusto.

Durante los años de facultad David conoció a mucha gente fabulosa: compartió charlas, realizó trabajos, estudió grupalmente y aprendió de estas interacciones. Pero pocas veces se sintió íntegro, completo, pleno. En la facultad, David siempre fue un estudiante de seis o siete, pero de esos estudiantes que para llegar a ese seis o siete debía esforzarse muchísimo, debía dejar de lado muchas actividades que le resultaban placenteras y ocupar su tiempo con decenas de textos y autores. En ese ámbito, David siempre fue uno más, y sólo en ocasiones sintió que se distinguía.

David abre la puerta de su casa. Camina por el pasillo hasta que se encuentra con el recibimiento afectuoso de su perro. Se presta a mimarlo unos segundos y se acomoda en el patio para sacarse los botines. Sabe que está sólo, por eso no se apresura a entrar a la cocina, prefiere quitarse la ropa sucia mientras estira un poco los músculos.

Mientras va elongando piensa que desde que llegó a la ciudad no ha parado de trabajar. Siempre el esfuerzo por ayudar con lo económico en la casa le ha parecido una gran experiencia, sea por la posibilidad de conocer otro ambiente, de tener su independencia y disfrutar de algunos gustos. Pero ahí, en su trabajo, David siempre fue el intelectual, el que hablaba complejo, el que analizaba desde otro ángulo, el que reclamaba y veía cosas que el resto no se molestaba, ese que tenía lecturas profundas para los oídos de los que lo escuchaban.

Se acuerda de su amigo Diego que siempre le dice que estire brazos y espalda para que luego no se queje. Mientras tanto piensa que ni en la facultad ni en sus trabajos ha podido encontrar la plenitud, aunque no está muy seguro de tener que buscarla ahí, y tampoco está tan disconforme con las enseñanzas que le han dado cada uno de estos espacios. De hecho, tiene buenos amigos de ambos lugares y comparte con ellos cuestiones diferentes. Pero en el fondo y a medida que las vendas van terminando de desenrollarse, siente que hoy forma parte de algo distinto.

Hoy David convirtió su primer gol en su equipo amateur de fútbol. Hay algo de especial en su relación con el gol, siempre fue su debilidad y casi su asignatura pendiente, el resto del juego cree entenderlo conceptualmente, pero se rinde ante los grandes del gol, los admira, los envidia. En su gol, en principio, no hay grito de euforia, no hay gesticulación ni baile pre meditado. En su gol hay un par de ojos que sólo buscan a una persona. Antes de que la pelota se cuele por encima del arquero David sabe donde muere el gol, David siente el privilegio de que ese gol pueda morir ahí: gira y lo encuentra, lo señala y lo ve saltar una y otra vez, perdido en el aire mientras se acerca con los lentes puestos, y ni David ni su hermano lo dudan en ninguno instante, el gol muere en ese abrazo.

Hoy David convirtió su primer gol en su equipo amateur de fútbol. De un grupo de 25 ya hay 15 que no faltan casi nunca, que se reúnen a comer asados, que se escriben y comparten comentarios y sensaciones, que se empiezan a conocer los gestos, las caras y las mañas. Pero mientras entra al baño, para quitarse las marcas de la derrota que acaban de sufrir, David siente que encontró un lugar, donde no importa si es zurdo o derecho, si hace preguntas interesantes o tiene respuestas ingeniosas, donde aprende de los demás, donde no importa la calificación individual, ya que es imposible salvarse sólo, y sólo se siente íntegro cuando gana el equipo y todos lo pueden disfrutar igual que él.

Para David, ser parte de un equipo hoy, es estar en el lugar correcto.

LEANDRO DAVID ROJAS

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2 thoughts on “EN EL LUGAR CORRECTO

  1. ariel j risso dice:

    Espectacular. Comparto muchos de tus comentarios. Sentirse parte de un equipo es increíble. Como te dije, sos un amigo del fútbol..

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