VIERNES DE APLAUSOS

Este domingo sin San Martín no tiene el sabor vacío que esperaba. No me hace falta imaginar que es lo que ocurrió o que podía haber pasado. Este domingo sin San Martín, al margen del gran festejo “tatengue”, me resuenan los aplausos. Aplausos del viernes por la noche, en nuestro parque, con nuestra gente y envueltos de la maravillosa sensación de haber ganado.

 

Este viernes que pasó, EL CAMPEÓN del apertura recibió a Sastre y demostró lo lejos que está del resto, y el resto que tiene sobre los demás. Y lo hizo una vez más, desplegó todo su esplendor, su esfuerzo y su juego, y generó una, dos, tres muy claras en la primera parte, manejó los espacios, la pelota y los tiempos. Metió, corrió y regaló decenas de lujos durante más de noventa minutos. Pero no pudo convertir y empató en cero.

 

San Martín tiene asegurada la final ABSOLUTA. Pero lo seguro es, que se irá aplaudido de todas las canchas si propone todo eso que propuso este viernes. Seguro, que cada jugador sabrá internamente que defendió aquello que el técnico le pide minuto a minuto: eso de NO negociar el sacrificio, y de que bajar los brazos no esté dentro de lo posible y de que luchar por el de al lado sea el principio básico). Y seguro que cada hincha se pondrá de pie, con lágrimas o risas en la cara, sin voz, después de haberse desgarrado en cada cruce o demostración, pero con la frente alta y el pecho inflado de saber que su camiseta, esa con la que lo vistieron desde pequeño, estuvo en buenas manos y se hizo ancha en cada jugada.

 

San Martín tiene asegurado el reconocimiento de un pueblo que valora cuando las cosas se hacen con el corazón. En la hombría de los pibes del club, en la magia de Albil, en la simpleza y el coraje del Equi, en las arremetidas maratónicas de Manzana, aún en la locura del goleador (TE NECESITAMOS PLENO GENIO), en la sapiencia del pelado, en la furia del Cravero más grande, en la simpleza del mono,  y en el empuje de cada parte, este equipo tiene asegurada la EMOCIÓN.

 

Gracias por hacer que un domingo sin fútbol, NO tenga sabor a poco. Gracias por permitir que la sensación de un viernes por la noche inunde cada recoveco de soledad, distancia y amargura. Gracias por jugar como todos creemos que pueden hacerlo. Estaremos ahí, del otro lado del alambre, calentando las palmas para que se junten al son de su juego.

 

LEANDRO ROJAS

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